Los datos sobre el impacto de la amiloidosis en el pronóstico tras el implante percutáneo de prótesis valvular aórtica (TAVI) son limitados. El objetivo fue evaluar el riesgo a 1 año de acontecimientos adversos tras TAVI en pacientes con amiloidosis.
MétodosLos pacientes sometidos a TAVI (entre 2005 y 2023) se categorizaron en 2 grupos en función de la presencia o no de amiloidosis. El objetivo primario fue el riesgo a 1 año de un criterio de valoración combinado: insuficiencia cardiaca (IC), ictus isquémico, implantación de marcapasos, lesión renal aguda y muerte por cualquier causa. Los objetivos secundarios evaluaron los componentes individuales de la variable combinada. El emparejamiento por puntuación de propensión equilibró los grupos y la regresión de Cox evaluó el riesgo de resultados adversos asociados a la amiloidosis. Los resultados se analizaron para el seguimiento temprano (30 días) y a largo plazo (30 días a 1 año).
ResultadosSe compararon los datos de 589 pacientes de TAVI con amiloidosis (edad media 78,9±8,2 años, 31,9% mujeres) con 52.296 sin amiloidosis (edad media 78,1±8,8 años, 40,3% mujeres). Tras el emparejamiento por puntuación de propensión, los pacientes con amiloidosis tenían un riesgo significativamente mayor de sufrir acontecimientos adversos a 1 año (HR=1,27; IC95%, 1,08-1,49), en concreto aquellos con amiloidosis mostraron un mayor riesgo de IC (HR=1,37; IC95%, 1,10-1,70). El riesgo de ictus (HR=1,67; IC95%, 1,16-2,40) y de implantación de marcapasos (HR=2,25; IC95%, 1,15-4,41) fue mayor durante el seguimiento a largo plazo, mientras que no se hallaron diferencias para la lesión renal aguda o la mortalidad por cualquier causa entre los 2 grupos.
ConclusionesEntre los pacientes sometidos a TAVI, los afectados por amiloidosis presentan un mayor riesgo de acontecimientos adversos, en particular IC, así como un mayor riesgo de implantación de marcapasos e ictus a largo plazo.
Palabras clave
La amiloidosis es una enfermedad sistémica progresiva causada por proteínas mal plegadas que se acumulan progresivamente en el espacio intersticial en forma de fibrillas de amiloide en láminas β insolubles1. La amiloidosis cardiaca (AC) está causada por el depósito de fibrillas en el miocardio, el sistema de conducción del corazón y el tejido valvular2. Se ha observado que una proporción significativa de pacientes con estenosis aórtica (aproximadamente el 16%) —especialmente los tratados con un implante percutáneo de válvula aórtica (TAVI)— presentan una miocardiopatía asociada a transtirretina (ATTR)3,4 y, con una prevalencia inferior, una AC de cadena ligera (AC-AL)5.
Sin embargo, el efecto de las fibrillas de amiloide en el deterioro estructural de la válvula y en los resultados clínicos de los pacientes a los que se les practica un TAVI sigue sin estar claro. Los pocos estudios existentes sobre este tema han aportado resultados contradictorios6–8. Por ejemplo, Scully et al.6 no observaron diferencias en las complicaciones periintervención de TAVI entre los pacientes con y sin amiloidosis, mientras que un metanálisis reciente mostró que la amiloidosis se asociaba a un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa y de otras complicaciones frecuentes, como ictus, insuficiencia cardiaca (IC) y lesión renal aguda (LRA)7. A la vista de estas discrepancias, se necesitan más estudios para dilucidar estas cuestiones.
En consecuencia, nuestro objetivo fue investigar el riesgo a 1 año de acontecimientos adversos tras el TAVI en pacientes con amiloidosis, utilizando una amplia red mundial federada de investigación en salud.
MÉTODOSTriNetX es una red mundial de organizaciones sanitarias que cumple la ley HIPAA (Health Insurance Portability and Accountability Act) y la legislación federal de los Estados Unidos que protege la privacidad y seguridad de los datos de asistencia sanitaria. Todos los datos se anonimizan según las normas de desidentificación establecidas en el Reglamento de Privacidad de la HIPAA. Para acceder a los datos de la red TriNetX, se necesita un acuerdo de puesta en común de datos. Dado que se trata de una red de investigación federada con datos de pacientes no identificables, los estudios realizados usando la red de investigación sanitaria TriNetX no requieren la aprobación de un comité de ética. TriNetX no modifica, imputa o estima los valores clínicos no disponibles para subsanar las lagunas existentes en los registros de los pacientes. Para más información sobre la extracción de datos de TriNetX, consúltese el .
Diseño del estudioLlevamos a cabo un estudio observacional retrospectivo en TriNetX, utilizando historias clínicas electrónicas de centros médicos académicos, consultas de médicos especialistas y hospitales locales, que abarcaban datos de más de 180 millones de personas, principalmente de los Estados Unidos. Los datos disponibles en esta red mundial incluyen parámetros demográficos, diagnósticos codificados según la Clasificación Internacional de Enfermedades, Décima Revisión, Modificación Clínica (CIE-10-MC), procedimientos codificados con la Terminología Actualizada de Procedimientos Médicos (Current Procedural Terminology) y medicamentos registrados con los códigos de Veteran Affairs.
Cohorte de pacientesSe realizaron consultas en la plataforma en línea de la red TriNetX el 10 de septiembre de 2024, relativas a los pacientes ≥ 18 años a los que se les había practicado un TAVI (código 1021150 de la Current Procedural Terminology). Con el empleo de los códigos de la CIE-10-MC, creamos 2 cohortes: a) pacientes tratados con TAVI que presentaban amiloidosis (E85), y b) pacientes tratados con TAVI que no presentaban amiloidosis ().
El periodo de estudio abarcó desde el 1 de enero de 2005 hasta el 31 de diciembre de 2023. En la fecha de la búsqueda, se disponía de datos de 88 organizaciones sanitarias correspondientes a pacientes que cumplían los criterios de inclusión y exclusión. El acontecimiento índice, definido como el momento en el que cada paciente entraba en el análisis, fue la fecha de realización de su TAVI. Todos los diagnósticos o tratamientos registrados antes del acontecimiento índice se consideraron parte de las características iniciales del paciente.
Criterios de valoraciónEl criterio de valoración principal fue el riesgo a 1 año de una combinación de acontecimientos formada por la muerte por cualquier causa, la IC aguda, el ictus isquémico, el implante de un marcapasos (MP) o la LRA. Los criterios de valoración secundarios fueron el riesgo a 1 año de cada uno de los componentes del criterio de valoración principal. Para más información sobre los códigos de la CIE-10-MC utilizados para identificar estos acontecimientos adversos, véase la .
Análisis estadísticoTodos los análisis estadísticos se realizaron utilizando la plataforma de investigación en línea TriNetX. Las características iniciales de los pacientes con y sin amiloidosis se equilibraron con un emparejamiento mediante puntuación de propensión (EPP) utilizando regresión logística, con una relación 1:1. Se aplicó el método voraz del vecino más próximo (greedynearest neighbor) con una calibración de 0,1 desviaciones estándares agrupadas. En el EPP, se incluyeron las siguientes variables: edad, sexo, origen étnico, hipertensión, dislipemia, diabetes mellitus, IC, fibrilación auricular y aleteo (flutter) auricular, cardiopatía isquémica, cirugía cardiaca previa, valvulopatías concomitantes, alteraciones de la conducción en la situación inicial, infarto cerebral, embolia pulmonar, arteriopatía periférica, obesidad, enfermedad renal crónica y medicación cardiovascular (incluidos bloqueadores beta, digitálicos, antagonistas del calcio, diuréticos, hipolipemiantes, inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina, antagonistas de los receptores de la angiotensina II, anticoagulantes y antiagregantes plaquetarios).
Se utilizaron diferencias medias estandarizadas absolutas (DEA) para evaluar la distribución de las características demográficas y clínicas en los dos grupos. La DEA se calculó mediante la diferencia de medias o proporciones de una variable determinada dividida por la estimación agrupada de la desviación estándar (DE) de dicha variable. Se consideró que una característica inicial con una DEA <0,1 estaba bien emparejada. Se incluyó un gráfico de las distribuciones de las puntuaciones de propensión antes y después del emparejamiento para mostrar el grado de solapamiento entre los grupos.
Tras el EPP, se realizó un análisis univariable de riesgos proporcionales de Cox, para calcular los valores de hazard ratio (HR) y los intervalos de confianza del 95% (IC95%) correspondientes al riesgo de acontecimientos adversos en los pacientes tratados con TAVI que presentaban amiloidosis en comparación con los que no la tenían. También se generaron curvas de supervivencia de Kaplan-Meier y se aplicó la prueba de orden logarítmico (log-rank), para ilustrar las diferencias en las distribuciones de supervivencia libre de acontecimientos entre los pacientes con y sin amiloidosis, y para evaluar la importancia de estas diferencias, respectivamente.
Para evaluar si se cumplía el supuesto de riesgos proporcionales en el modelo de regresión de Cox, aplicamos una prueba de χ2 basada en los residuos de Schoenfeld. En el , se presenta una información detallada sobre cómo se realizó la prueba. Cuando no se cumplía la hipótesis de riesgos proporcionales para el criterio de valoración principal, dividimos el periodo de seguimiento de 1 año en 2 fases: una fase temprana (los primeros 30 días de seguimiento) y una fase tardía (desde el final del primer mes hasta el final del primer año). A continuación, volvimos a evaluar el riesgo mediante la regresión de Cox y pusimos de nuevo a prueba la hipótesis de riesgos proporcionales para cada fase.
Para determinar la incidencia acumulativa sin ajustar de cada criterio de valoración secundario y evaluar la relación entre los acontecimientos no mortales y mortales, se generaron curvas del estimador de Aalen-Johansen.
Con objeto de tener en cuenta los avances en las técnicas de TAVI a lo largo del tiempo y su impacto en el riesgo de acontecimientos adversos en pacientes con amiloidosis, se investigó el riesgo de los criterios de valoración principal y secundarios en 2 periodos de tiempo distintos: temprano (2005-2019) y tardío (2020-2023).
Todas las pruebas fueron bilaterales y se consideraron estadísticamente significativos los valores de p <0,05. Todos los análisis se realizaron en la plataforma TriNetX, que utiliza el paquete de supervivencia de R v3.2-3.
RESULTADOSNuestro estudio incluyó 589 pacientes tratados con TAVI que presentaban amiloidosis (edad media±DE=78,9±8,2 años; 31,9% mujeres) y 52.296 pacientes tratados con TAVI que no tenían amiloidosis (edad media±DE=78,1±8,8 años; 40,3% mujeres). Antes del EPP, los pacientes con amiloidosis tenían una mayor probabilidad de ser varones y negros, afroamericanos o asiáticos, y de presentar una prevalencia significativamente mayor de factores de riesgo cardiovascular, IC, fibrilación auricular, trastornos del sistema de conducción, infarto cerebral previo, embolia pulmonar y enfermedad renal crónica, en comparación con los pacientes que no tenían amiloidosis (tabla 1). Los pacientes con amiloidosis tenían una mayor prevalencia de síndrome del túnel carpiano bilateral (el 3,7 frente al 1%; p<0,0001), estenosis raquídea lumbar (el 16,5 frente al 7,4%; p<0,0001), rotura espontánea de tendones (el 1,7 frente al 0,3%; p<0,0001), hipotensión ortostática (el 8 frente al 3,5%; p<0,0001) y macroglosia (el 1,7 frente al 0,01%; p<0,0001), que se consideran las señales de alarma clínicas más frecuentes de la AC9 (tabla 2).
Características iniciales de los pacientes tratados con TAVI que presentaban (N=589) o no presentaban (N=52.296) amiloidosis, antes y después de un emparejamiento mediante puntuación de propensión
| Antes de EPP | Después de EPP | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Características | Con amiloidosis(n=589) | Sin amiloidosis(n=52.296) | DEA | Con amiloidosis(n=589) | Sin amiloidosis(n=589) | DEA |
| Edad (años) | 78,9±8,2 | 78,1±8,8 | 0,095 | 78±8 | 78±9 | 0,079 |
| Sexo femenino | 188 (31,9) | 21.072 (40,3) | 0,175 | 188 (31,9) | 188 (31,9) | 0,001 |
| Blancos | 448 (76,1) | 42.760 (81,8) | 0,140 | 448 (76,1) | 451 (76,6) | 0,012 |
| Negros o afroamericanos | 46 (7,8) | 1.830 (3,5) | 0,187 | 46 (7,8) | 46 (7,8) | 0,001 |
| Asiáticos | 24 (4,1) | 1.047 (2,0) | 0,121 | 24 (4,1) | 33 (5,6) | 0,001 |
| Hipertensión | 538 (91,3) | 43.163 (82,5) | 0,264 | 538 (91,3) | 548 (93) | 0,063 |
| Infarto cerebral | 82 (13,9) | 4.264 (8,2) | 0,185 | 82 (13,9) | 80 (13,6) | 0,010 |
| Embolia pulmonar | 32 (5,4) | 1.566 (3) | 0,122 | 32 (5,4) | 33 (5,6) | 0,007 |
| Insuficiencia cardiaca | 436 (74) | 30.976 (59,2) | 0,318 | 436 (74) | 429 (72,8) | 0,027 |
| Fibrilación y aleteo (flutter) auriculares | 317 (53,8) | 19.086 (36,5) | 0,354 | 317 (53,8) | 303 (51,4) | 0,048 |
| Cardiopatía isquémica | 511 (86,8) | 40.357 (77,2) | 0,251 | 511 (86,8) | 509 (86,4) | 0,010 |
| Cirugía cardiaca | 10 (1,7) | 136 (0,3) | 0,146 | 10 (1,7) | 10 (1,7) | 0,001 |
| Dislipemias | 493 (83,7) | 37.997 (72,7) | 0,270 | 493 (83,7) | 483 (82) | 0,045 |
| Diabetes mellitus | 247 (41,9) | 19.292 (36,9) | 0,103 | 247 (41,9) | 247 (41,9) | 0,001 |
| Obesidad | 183 (31,1) | 13.540 (25,9) | 0,115 | 183 (31,1) | 178 (30,2) | 0,018 |
| Enfermedad renal crónica | 279 (47,4) | 16.488 (31,5) | 0,328 | 279 (47,4) | 295 (50,1) | 0,054 |
| Enfermedades vasculares periféricas | 140 (23,8) | 8.920 (17,1) | 0,167 | 140 (23,8) | 135 (22,9) | 0,020 |
| Valvulopatías mitrales | 248 (42,1) | 15.784 (30,2) | 0,250 | 248 (42,1) | 256 (43,5) | 0,027 |
| Valvulopatías tricuspídeas | 128 (21,7) | 7.621 (14,6) | 0,187 | 128 (21,7) | 119 (20,2) | 0,038 |
| Valvulopatías pulmonares | 50 (8,5) | 2.709 (5,2) | 0,131 | 50 (8,5) | 44 (7,5) | 0,038 |
| Bloqueo AV y bloqueo RIH | 226 (38,4) | 12.580 (24,1) | 0,313 | 226 (38,4) | 216 (36,7) | 0,035 |
| Otros trastornos de la conducción | 176 (29,9) | 8.178 (15,6) | 0,345 | 176 (29,9) | 130 (22,1) | 0,179 |
| Bloqueadores beta | 421 (71,5) | 31.215 (59,7) | 0,250 | 421 (71,5) | 417 (70,8) | 0,015 |
| Diuréticos | 428 (72,7) | 30.232 (57,8) | 0,316 | 428 (72,7) | 427 (72,5) | 0,004 |
| Antagonistas del calcio | 363 (61,6) | 26.219 (50,1) | 0,233 | 363 (61,6) | 357 (60,6) | 0,021 |
| Inhibidores de la ECA | 238 (40,4) | 17.355 (33,2) | 0,150 | 238 (40,4) | 225 (38,2) | 0,045 |
| Antagonistas de los receptores de la angiotensina | 219 (37,2) | 13.046 (24,9) | 0,267 | 219 (37,2) | 225 (38,2) | 0,021 |
| Antiagregantes plaquetarios | 441 (74,9) | 36.762 (70,3) | 0,103 | 441 (74,9) | 429 (72,8) | 0,046 |
| Anticoagulantes | 476 (80,8) | 36.823 (70,4) | 0,244 | 476 (80,8) | 470 (79,8) | 0,026 |
| Digital | 51 (8,7) | 2.988 (5,7) | 0,114 | 51 (8,7) | 42 (7,1) | 0,057 |
| Hipolipemiantes | 431 (73,2) | 34.617 (66,2) | 0,152 | 431 (73,2) | 405 (68,8) | 0,097 |
AV: auriculoventricular; DEA: diferencia media estandarizada absoluta; ECA: inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina; EPP: emparejamiento mediante puntuación de propensión; RIH: rama izquierda del haz; TAVI: implante percutáneo de válvula aórtica.
Los datos expresan n (%) o media±desviación estándar.
Señales de alerta clínicas respecto a la amiloidosis en los 2 grupos identificados para el análisis
| Señales de alerta respecto a la amiloidosis | Con amiloidosis | Sin amiloidosis | p |
|---|---|---|---|
| Túnel carpiano bilateral | 22 (3,7) | 539 (1) | <0,0001 |
| Estenosis raquídea lumbar | 97 (16,5) | 3.896 (7,4) | <0,0001 |
| Ruptura espontánea de tendones | 10 (1,7) | 163 (0,3) | <0,0001 |
| Neuropatía del sistema autónomo | 18 (3) | 527 (1) | <0,0001 |
| Hipotensión ortostática | 47 (8) | 1.817 (3,5) | <0,0001 |
| Macroglosia | 10 (1,7) | 10 (<0,1) | <0,0001 |
Los datos expresan n (%).
Tras el EPP, con 589 pacientes en cada cohorte, no se observaron diferencias significativas entre los 2 grupos en cuanto a parámetros demográficos, medicación prescrita y diagnósticos, excepto en la prevalencia de trastornos del sistema de conducción, que siguió siendo mayor en los pacientes con amiloidosis en comparación con los que no presentaban esta enfermedad (el 29,9 frente al 22,1%, respectivamente; DEA=0,179) (tabla 1). En la figura 1, se presenta una evaluación visual de cómo el EPP redujo las diferencias entre los 2 grupos, lo cual aseguraba que los efectos observados tuvieran una menor probabilidad de deberse a factores de confusión.
En la tabla 3, se muestra el número de acontecimientos tras la intervención de TAVI en los pacientes con y sin amiloidosis, y los correspondientes valores de HR, con el IC95% relativo, para los criterios de valoración principal y secundarios en el seguimiento de 1 año. Como muestran las curvas de Kaplan-Meier, los pacientes con un diagnóstico de amiloidosis presentaban un riesgo a 1 año significativamente superior del criterio de valoración combinado, en comparación con los controles (HR=1,27; IC95%, 1,08-1,49) (figura 2). Sin embargo, al analizar el supuesto de riesgos proporcionales, observamos una variabilidad sustancial en las estimaciones de riesgo en comparación con las esperadas (χ2=5,75; p de proporcionalidad=0,017). Este incumplimiento del supuesto de riesgos proporcionales sugiere que el impacto de la amiloidosis en los resultados tras TAVI puede variar a lo largo del tiempo. Al dividir el seguimiento en 2 periodos, se observó que el riesgo del criterio de valoración combinado en los pacientes con amiloidosis era mayor durante la fase tardía del seguimiento (HR=1,34; IC95%, 1,11-1,61) en comparación con la fase temprana (HR=1,17; IC95%, 0,95-1,43), sin que se incumpliera el supuesto de riesgos proporcionales en ninguno de los periodos (tabla 3).
Riesgo de los criterios de valoración principal y secundarios en pacientes con y sin amiloidosis tras el emparejamiento mediante puntuación de propensión en el primer año, en el primer mes, y después de entre 31 días y 1 año de seguimiento tras el implante percutáneo de válvula aórtica
| Criterios de valoración principal y secundarios | Con acontecimientos de amiloidosis | Sin acontecimientos de amiloidosis | HR (IC95%) | χ2 | Valor de p para el supuesto de riesgos proporcionales | |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Variable combinada | 1 año | 344 (58,4) | 277 (47) | 1,27 (1,08-1,49) | 5,748 | 0,017 |
| 30 días | 198 (33) | 173 (29) | 1,17 (0,95-1,43) | 0,004 | 0,952 | |
| 31 días-1 año | 251 (42) | 186 (31) | 1,34 (1,10-1,62) | 0,000 | 0,988 | |
| IC aguda | 1 año | 111 (18) | 94 (16) | 1,37 (1,10-1,70) | 0,209 | 0,724 |
| 30 días | 190 (32,2) | 139 (23,6) | 1,18 (0,90-1,56) | 0,124 | 0,648 | |
| 31 días-1 año | 133 (22) | 83 (14) | 1,56 (1,18-2,05) | 0,030 | 0,863 | |
| Ictus | 1 año | 95 (16,1) | 62 (10,5) | 1,47 (1,07-2,03) | 4,624 | 0,032 |
| 30 días | 34 (5,7) | 27 (4,5) | 1,26 (0,76-2,09) | 1,136 | 0,286 | |
| 31 días-1 año | 81 (13) | 46 (7,8) | 1,67 (1,16-2,40) | 1,447 | 0,229 | |
| LRA | 1 año | 98 (16) | 81 (13,7) | 1,07 (0,83-1,38) | 0,008 | 0,929 |
| 30 días | 125 (21,2) | 111 (18,8) | 1,14 (0,85-1,52) | 0,561 | 0,585 | |
| 31 días-1 año | 44 (7,4) | 53 (9) | 0,82 (0,55-1,22) | 0,298 | 0,454 | |
| Implante de marcapasos | 1 año | 87 (14,7) | 61 (10,3) | 1,41 (1,02-1,96) | 2,928 | 0,087 |
| 30 días | 60 (10) | 44 (7,4) | 1,38 (0,93-2,03) | 0,557 | 0,456 | |
| 31 días-1 año | 29 (5) | 12 (2) | 2,25 (1,15-4,41) | 0,175 | 0,676 | |
| Mortalidad por cualquier causa | 1 año | 55 (9,3) | 66 (11,2) | 0,77 (0,54-1,10) | 3,214 | 0,073 |
| 30 días | 10 (1,7) | 11 (1,8) | 0,63 (0,24-1,62) | 0,000 | 0,988 | |
| 31 días-1 año | 49 (8,3) | 47 (8) | 0,96 (0,64-1,43) | 0,377 | 0,539 |
HR: hazard ratio; IC: insuficiencia cardiaca; IC95%: intervalo de confianza del 95%; LRA: lesión renal aguda.
Los datos expresan n (%).
Curvas de Kaplan-Meier para el riesgo del criterio de valoración combinado tras el TAVI en pacientes con (línea azul) y sin (línea granate) amiloidosis. Líneas oscuras: probabilidad de supervivencia; bordes sombreados: intervalo de confianza del 95%; TAVI: implante percutáneo de válvula aórtica.
En el análisis de los criterios de valoración secundarios, se observó que los pacientes con amiloidosis tenían una mayor probabilidad de presentar episodios agudos de IC (HR=1,37; IC95%, 1,10-1,70; χ2=0,124; p de proporcionalidad=0,724) a lo largo de todo el periodo de seguimiento, sin que se incumpliera el supuesto de riesgos proporcionales.
El riesgo de implante de un MP mostró una tendencia al aumento durante el seguimiento a largo plazo. En concreto, los pacientes con amiloidosis tenían un mayor riesgo global de implante de un MP (HR=1,41; IC95%, 1,02-1,95), pero con un supuesto de riesgos proporcionales en el umbral de la significación (χ2=2,92; p de proporcionalidad=0,087). Al considerar únicamente el periodo de seguimiento tardío (de 31 días a 1 año), el riesgo de implante de un MP tendió a aumentar, sin que se incumpliera la proporcionalidad (HR=2,25; IC95%, 1,15-4,41, χ2=0,175; p de proporcionalidad=0,676).
Los pacientes con amiloidosis también mostraron un mayor riesgo de ictus tras el TAVI. En concreto, el riesgo fue mayor durante todo el periodo de observación (HR=1,47; IC95%, 1,07-2,03, χ2=4,624; p de proporcionalidad=0,032) con un ligero incumplimiento de la proporcionalidad. Sin embargo, al considerar el periodo de seguimiento a largo plazo, el riesgo de ictus siguió siendo sistemáticamente superior, respetando la proporcionalidad (HR=1,67; IC95%, 1,16-2,40, χ2=1,447; p de proporcionalidad=0,229).
No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los 2 grupos en cuanto a los riesgos de LRA (HR=1,07; IC95%, 0,83-1,38), sin que se incumpliera la proporcionalidad (χ2=0,008; p de proporcionalidad=0,929). Del mismo modo, no se constataron diferencias significativas en el riesgo de mortalidad por cualquier causa (HR=0,77; IC95%, 0,54-1,10), aunque en este criterio de valoración hubo una gran variabilidad a lo largo del periodo de observación (χ2=3,21; p de proporcionalidad=0,073) (figura 3).
Curvas de Kaplan-Meier para el riesgo de muerte por cualquier causa tras el TAVI en pacientes con (línea azul) y sin (línea granate) amiloidosis. Líneas oscuras: probabilidad de supervivencia; bordes sombreados: intervalo de confianza del 95%; TAVI: implante percutáneo de válvula aórtica.
Como muestran las curvas de Aalen-Johansen, la incidencia acumulada al final del seguimiento para los diferentes criterios de valoración en los pacientes con amiloidosis fue del 3,4% para la muerte por cualquier causa, del 25,7% para la IC, del 10,6% para el implante de un MP, del 8,6% para la LRA y del 11,1% para el ictus isquémico. Comparativamente, la incidencia acumulada en todos los pacientes sin amiloidosis fue del 3,8% para muerte por cualquier causa, del 16,5% para la IC, del 8,3% para el implante de un MP, del 6,7% para la LRA y del 6,3% para el ictus isquémico (figura 4).
Teniendo en cuenta los avances en las técnicas del TAVI a lo largo del tiempo, dividimos la cohorte en 2 periodos: un periodo temprano (2005-2019) y un periodo tardío (2020-2023). Este enfoque confirmó que los resultados del análisis principal no se veían afectados significativamente por las mejoras recientes en las intervenciones de TAVI. Como se muestra en la , los resultados observados en los 2 periodos fueron coherentes con los resultados globales (HR combinada=1,27; IC95%, 1,08-1,49). En concreto, la HR para el periodo 2005-2019 fue de 1,35 (IC95%, 1,02-1,78; χ2=0,86; p de proporcionalidad=0,353), mientras que para el periodo 2020-2023 fue de 1,17 (IC95%, 1,00-1,42; χ2=0,31; p de proporcionalidad=0,579), lo cual indica tendencias similares en ambos periodos, sin un incumplimiento significativo del supuesto de riesgos proporcionales.
DISCUSIÓNEn el presente estudio observacional, presentamos información clínica sobre una población de pacientes que se trataron con TAVI y que tenían un diagnóstico de amiloidosis. Nuestras principales observaciones son las siguientes: a) la amiloidosis se asoció a un mayor riesgo de acontecimientos adversos durante el primer año después del TAVI; b) el riesgo no fue constante a lo largo del tiempo y pareció aumentar progresivamente durante la última fase del periodo de seguimiento; c) el riesgo de IC se mantuvo estable durante todo el periodo de seguimiento, y d) a largo plazo, la amiloidosis se asoció a un mayor riesgo de implante de un MP y de ictus (figura 5).
Figura central. El depósito de amiloide en el corazón podría aumentar el riesgo de acontecimientos adversos en el primer año tras el TAVI. Los pacientes con amiloidosis tienen un mayor riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca, ictus e implante de un marcapasos. HR: hazard ratio; IC95%: intervalo de confianza del 95%; MP: marcapasos; TAVI: implante percutáneo de válvula aórtica.
En nuestra población, la prevalencia de la amiloidosis en los pacientes tratados con TAVI fue de <1%. Este valor es significativamente inferior a los descritos en otros estudios, en los que la prevalencia de la AC en los pacientes candidatos a TAVI fue de aproximadamente un 8-16%3,10. Esta discrepancia podría explicarse por diversos factores. En primer lugar, los métodos de cribado para la detección de la amiloidosis no se aplican de manera uniforme en las distintas organizaciones sanitarias ni tampoco a lo largo del tiempo. De hecho, en el pasado, no se era consciente de que una gran proporción de los pacientes tratados con TAVI tenían una amiloidosis concomitante. Solo recientemente se ha recomendado ampliamente el empleo de las señales de alerta ecocardiográficas para la amiloidosis11,y los códigos de la CIE-10-MC específicos para la AC-ATTR y la AC-AL no se introdujeron hasta 2018, lo que ha llevado a una infranotificación de la enfermedad. En segundo lugar, las técnicas de imagen aplicadas para el cribado tienen diferentes niveles de sensibilidad y especificidad. Por ejemplo, se ha descrito que la resonancia magnética cardiaca tiene menor sensibilidad que la gammagrafía ósea12. Cuando a los pacientes se les realiza un cribado sistemático para detectar la AC-ATTR mediante gammagrafía ósea antes de la intervención, la prevalencia de la AC aumenta drásticamente6,8,13.
A pesar de la baja prevalencia de la amiloidosis en el análisis, nuestros resultados concuerdan con los de estudios previos que apoyan la hipótesis de que, si bien el TAVI mejora los resultados clínicos independientemente de la presencia de amiloidosis14, la AC en los pacientes candidatos a TAVI se asocia a una mayor tasa de acontecimientos adversos tras el reemplazo valvular.
En nuestro estudio, los pacientes con amiloidosis mostraron una mayor tendencia al agravamiento de la IC, y presentaron una mayor frecuencia de episodios agudos durante el seguimiento tanto a corto como a largo plazo tras la intervención. Aunque la falta de información sobre la fracción de eyección ventricular izquierda y derecha en la situación inicial y durante el seguimiento puede limitar la generalizabilidad de nuestros resultados, esta observación parece estar respaldada por los datos de estudios anteriores. En un estudio multicéntrico observacional prospectivo de 27 pacientes con AC-ATTR que se trataron con TAVI, Rosenblum et al.8 señalaron que, aunque la mortalidad fue similar a la de los controles, los pacientes con amiloidosis presentaron un mayor riesgo de hospitalización por IC 1 año y 3 años después de la intervención de TAVI. Estos resultados pueden explicarse por los depósitos de amiloide en el espacio extracelular miocárdico, que causan una rigidez progresiva de los ventrículos, lo que provoca una disfunción tanto diastólica como sistólica. Esto reduce la capacidad del corazón de revertir el remodelado tras el reemplazo valvular y aumenta el riesgo de IC postoperatoria15.
En este contexto, tal como indican los estudios histopatológicos16, debe tenerse en cuenta que las fibrillas de amiloide se depositan con frecuencia en el tejido valvular, lo que provoca un estado proinflamatorio que induce la diferenciación de las células intersticiales valvulares en miofibroblastos y células similares a los osteoclastos, que perpetúan la fibrosis y la calcificación de la matriz extracelular17. Estos mismos mecanismos anatomopatológicos podrían asociarse a la degeneración de las prótesis valvulares biológicas, pero estas hipótesis requieren más investigación18.
El ensayo AMYLOCARTESIAN (Prevalence and Post-surgical Outcomes of Cardiac Wild-type Transthyretin Amyloidosis in Elderly Patients With Aortic Stenosis Referred for Valvular Replacement; NCT02260466) es un estudio prospectivo multicéntrico en curso que podría ayudar a aclarar el efecto preciso de las fibrillas de amiloide sobre el miocardio y las válvulas protésicas.
En nuestro estudio, observamos que, tras el TAVI, los pacientes con amiloidosis tienen un mayor riesgo de ictus, no en el periodo periintervención, sino en el seguimiento a largo plazo. En un estudio observacional retrospectivo de 273 pacientes tratados con TAVI que presentaban una amiloidosis concomitante, Elzeneini et al.19 observaron que la AC se asociaba a un riesgo de ictus isquémico agudo 3 veces mayor durante la hospitalización índice (odds ratio=3,08; IC95%, 1,41-6,71). En cambio, Ismayl et al.20 no observaron una asociación significativa entre la amiloidosis y el ictus tras el TAVI. En un metanálisis que incluyó estos 2 estudios21, se llegó a la conclusión de que había un aumento significativo del riesgo de ictus en los pacientes con diagnóstico de amiloidosis que se trataron con TAVI en comparación con los que tenían tan solo una estenosis aórtica aislada (odds ratio=1,97; IC95%, 1,05-3,69).
Hay varios factores que podrían explicar este mayor riesgo. En primer lugar, el depósito de amiloide en el tejido valvular, junto con las calcificaciones valvulares, podría aumentar la cantidad de restos de la válvula nativa liberados durante el implante de la prótesis17. En segundo lugar, como consecuencia del depósito de amiloide en el miocardio auricular y la consiguiente miocardiopatía auricular, la AC conlleva de por sí un mayor riesgo de formación de trombos en las cavidades cardiacas22,23. El uso de protección embólica cerebral durante la intervención de TAVI sigue siendo objeto de debate en cuanto a los subgrupos de pacientes que podrían obtener un beneficio con esta estrategia24. Además, el tratamiento antitrombótico tras el TAVI podría individualizarse en función de las comorbilidades específicas de los pacientes, incluida la amiloidosis25. Hasta la fecha, la estrategia antitrombótica utilizada tras el TAVI en los pacientes que no tienen indicación para tratamiento anticoagulante oral consiste en monoterapia antiagregante plaquetaria con ácido acetilsalicílico26. Sin embargo, continúa existiendo un debate respecto a si es necesario un tratamiento antitrombótico más eficaz en grupos específicos de pacientes con mayor riesgo isquémico. Aunque los datos obtenidos en ensayos aleatorizados respaldan el tratamiento anticoagulante solamente en los pacientes con un diagnóstico de FA27–29, un diagnóstico temprano de una AC asociada a una miocardiopatía grave durante el cribado previo al TAVI podría influir en las decisiones terapéuticas antitrombóticas para reducir la incidencia de episodios tromboembólicos después de la intervención.
Otro resultado de interés de nuestro estudio fue que la amiloidosis aumentaba el riesgo de implante de un MP permanente principalmente entre 31 días y 1 año después del TAVI. Esto podría deberse principalmente a la mayor prevalencia de trastornos del sistema de conducción al inicio del estudio que observamos en los pacientes con amiloidosis, en comparación con los que no presentaban esta enfermedad, incluso después del EPP. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el bloqueo auriculoventricular completo y el bloqueo de rama derecha o izquierda de nueva aparición suelen ser consecuencia del propio reemplazo30, y que ello puede incrementar aún más la necesidad de implantar un MP en una parte significativa de los pacientes con amiloidosis. Nuestros resultados parecen respaldar esta hipótesis, y sugieren que la amiloidosis puede aumentar el riesgo a largo plazo de trastornos del sistema de conducción debido al depósito de fibrillas de amiloide en el sistema de conducción, tal como ha indicado recientemente una revisión sistemática y un metanálisis31. El diagnóstico de amiloidosis, a menudo asociada a una estenosis aórtica antes de la intervención, podría afectar a la elección de la válvula. El hecho de saber que un paciente presenta amiloidosis podría conducir a la elección de válvulas expandibles con balón en este tipo de pacientes, ya que algunos estudios sugieren que estas se asociarían a un mayor riesgo de trastornos de la conducción32–34. Además, los pacientes con un riesgo alto de bloqueo auriculoventricular, como son los que presentan una AC, podrían requerir una monitorización electrocardiográfica más cuidadosa y prolongada tras la intervención.
Durante el primer año tras el reemplazo valvular, el riesgo de LRA, una complicación importante del TAVI, no fue significativamente mayor en los pacientes con amiloidosis de nuestra cohorte que en los pacientes sin amiloidosis. Estos resultados difieren de los de estudios anteriores que describieron una tasa de LRA superior en esta población. Serán necesarios más estudios para determinar si los pacientes con amiloidosis son más vulnerables a la nefropatía inducida por contraste.
Además, la mortalidad no se vio afectada significativamente por la presencia de amiloidosis, según lo indicado por un estudio observacional previo6. Sin embargo, esto podría estar relacionado con el bajo número de pacientes considerados y con el periodo de seguimiento relativamente corto tras el acontecimiento índice, lo que podría haber limitado la potencia estadística de nuestro estudio.
Por último, en el análisis de sensibilidad, que evaluó las cohortes en 2 periodos diferentes (2005-2019 y 2020-2023), demostramos que los resultados del análisis principal eran coherentes a lo largo del tiempo y que, si bien las técnicas de TAVI han mejorado indudablemente, la asociación subyacente entre la amiloidosis y el criterio de valoración de interés se mantuvo estable. La HR ligeramente inferior en el periodo 2020-2023 puede reflejar un mejor resultado de la intervención a causa de los avances tecnológicos, pero no modifica de forma significativa la conclusión general.
Consecuencias clínicasEl conocimiento de que la AC podría asociarse a un mayor riesgo de acontecimientos adversos tras el TAVI debería llevar a los cardiólogos y expertos en diagnóstico por imagen a buscar signos clínicos y ecocardiográficos de esta enfermedad durante la evaluación diagnóstica de la estenosis aórtica grave14. En esta población, el diagnóstico de AC puede ser difícil30; sin embargo, en la era del aprendizaje automático, la inteligencia artificial facilitaría el cribado sistemático31,32. Este enfoque podría influir en varias decisiones en cuanto a la intervención y en el periodo periintervención. Nitsche et al.33 demostraron que la AC-ATTR se asocia a una atenuación del remodelado ecocardiográfico y a una menor regresión de los síntomas tras el TAVI. La identificación de este subgrupo de candidatos a TAVI podría ser crucial para introducir, incluso antes del reemplazo valvular, nuevos tratamientos específicos para la ATTR (tratamientos modificadores de la enfermedad). Se ha demostrado que tafamidis, un estabilizador del tetrámero transtirretina, reduce la mortalidad y la rehospitalización en los pacientes con una miocardiopatía amiloide por transtirretina34, y es probable que esta molécula mejore los resultados incluso en pacientes con AC-ATTR tratados con TAVI35.
LimitacionesAl interpretar los resultados de este estudio deben tenerse en cuenta varias limitaciones. En primer lugar, el diseño retrospectivo no permite inferir relaciones causales entre las variables. En segundo lugar, este estudio se basa en datos administrativos, lo que puede haber provocado una clasificación errónea de los pacientes con amiloidosis, dada la escasa concienciación existente en el pasado respecto a esta entidad clínica y la consiguiente infrautilización de los códigos de la CIE correspondientes. En tercer lugar (dadas las limitaciones de la plataforma TriNetX), no pudimos incluir en el EPP el grado de estenosis aórtica, la proporción de intervenciones sobre válvulas implantadas previamente (valve-in-valve), la vía de acceso principal para el TAVI, la elección del dispositivo y la función ventricular izquierda y derecha. En cuarto lugar, la distinción entre AC-ATTR y AC-AL no fue factible, y esto pone de relieve futuros ámbitos de investigación. Además, no tuvimos acceso a ciertos datos importantes, como los resultados ecocardiográficos, de resonancia magnética cardiaca o de gammagrafía ósea de cada uno de los pacientes. En quinto lugar, teniendo en cuenta que la intervención de TAVI ha cambiado drásticamente a lo largo de las 2 últimas décadas (gracias a los avances tanto técnicos como tecnológicos), el periodo de tiempo en el que se realizó la intervención podría haber influido en nuestra estimación del riesgo, aunque el análisis de subgrupos no mostró una diferencia significativa entre las 2 franjas de tiempo consideradas (2005-2019 y 2020-2023). En sexto lugar, los pacientes que requieren un MP suelen presentar anomalías del sistema de conducción, a menudo identificadas durante el seguimiento habitual. Esto da lugar a una censura estadística según el intervalo de evaluación, ya que con frecuencia se desconoce el momento exacto de inicio de la necesidad de un MP. Para analizar con exactitud el riesgo de un trastorno del sistema de conducción asociado a la amiloidosis tras el TAVI, el enfoque más riguroso consistiría en determinar el inicio preciso de las alteraciones del sistema de conducción o, alternativamente, el uso de un análisis de supervivencia con censura estadística según el intervalo de evaluación para determinar el riesgo de implante de un MP. El uso de los métodos de supervivencia tradicionales, como los aplicados en el presente estudio, puede haber introducido sesgos, lo que podría dar lugar a estimaciones inexactas de los valores de HR para el implante de un MP. Por último, no llevamos a cabo un análisis de los riesgos competitivos. Sin embargo, es poco probable que la incidencia acumulada de mortalidad observada en nuestro estudio afecte significativamente a las estimaciones de los criterios de valoración no mortales, ya que estudios anteriores han demostrado que dichas estimaciones pasan a ser menos fiables cuando la incidencia acumulada de mortalidad supera el 20-30%36–38. No obstante, se recomienda la realización de nuevos estudios que utilicen métodos de riesgos competitivos, como el modelo de Fine y Gray, en las situaciones de mayor riesgo de mortalidad. En el presente estudio, solo se tuvo en cuenta el sexo y no el género, según lo recomendado por las directrices SAGER.
CONCLUSIONESLos pacientes con AC tienen un riesgo significativamente mayor de acontecimientos adversos en el primer año tras el TAVI, en especial por lo que respecta a la IC, así como un mayor riesgo de implante de un MP y de ictus a largo plazo. Se necesitarán nuevos estudios para comprender plenamente cómo afecta la amiloidosis a los resultados del TAVI y para investigar el papel específico de las fibrillas de amiloide en el deterioro de la estructura valvular.
FINANCIACIÓNNo se ha recibido financiación para la elaboración de este artículo.
CONSIDERACIONES ÉTICASEste estudio retrospectivo está exento de la exigencia de consentimiento informado. La información examinada corresponde a un análisis secundario de datos ya existentes, no implica intervención ni interacción con participantes humanos, y está anonimizada según la norma de desidentificación definida en la Sección §164.514(a) del Reglamento de Privacidad de la ley HIPAA. El proceso a través del cual se anonimizaron los datos se atestigua mediante una determinación formal de un experto cualificado, tal como se define en la Sección §164.514(b)(1) del Reglamento de Privacidad de la ley HIPAA. Esta determinación formal por parte de un experto cualificado se actualizó en diciembre de 2020. En el presente estudio, solo hemos tenido en cuenta la variable de sexo y, lamentablemente, no la de género, según lo recomendado por las directrices SAGER.
DECLARACIÓN SOBRE EL USO DE INTELIGENCIA ARTIFICIALNo se ha utilizado inteligencia artificial en la preparación de este trabajo.
CONTRIBUCIÓN DE LOS AUTORESL. Gerra y T. Bucci: concepto, diseño, redacción de la versión preliminar del manuscrito, búsqueda bibliográfica, análisis estadístico e interpretación. Todos los autores: revisión crítica y aprobación final del manuscrito. L. Gerra y T. Bucci comparten la primera autoría de este manuscrito. L. Gerra, T. Bucci y G.Y.H. Lip son responsables de los datos publicados en este estudio.
CONFLICTO DE INTERESESLos autores no tienen conflicto de intereses.
- -
La amiloidosis es una enfermedad progresiva causada por proteínas insolubles mal plegadas que pueden acumularse en el corazón, lo cual aumenta la rigidez miocárdica, daña el sistema de conducción y favorece la disfunción valvular.
- -
La amiloidosis es frecuente en los pacientes con estenosis aórtica, en especial en aquellos a los que se les practica un TAVI.
- -
La repercusión de las fibrillas de amiloide en los resultados clínicos tras el TAVI sigue sin estar clara, y los estudios existentes muestran resultados contradictorios.
- -
En este estudio, se evaluó el riesgo a 1 año de acontecimientos adversos tras el TAVI en pacientes con amiloidosis.
- -
Los pacientes con amiloidosis presentaron un mayor riesgo de IC, ictus e implante de un MP, pero no hubo diferencias en la LRA ni en la mortalidad en comparación con aquellos sin amiloidosis.
- -
Se necesitarán más estudios para definir el papel exacto de las fibrillas de amiloide en el miocardio y el tejido valvular tras el TAVI.
